Muelles vencidos: la avería más habitual
Los muelles de compensación son los que hacen que una puerta que pesa cien kilos se pueda subir con la mano. Cuando pierden fuerza o se parten, la persiana pesa de golpe una barbaridad, cuesta subirla y el motor —si lo tiene— empieza a sufrir. Es una pieza que trabaja en tensión, así que ni se toca ni se improvisa: se sustituye con la herramienta adecuada y se vuelve a equilibrar el conjunto.
La puerta se ha descarrilado o va torcida
Cuando el paño se sale de las guías se traba, roza y al forzarla se doblan más lamas. Abrimos, recolocamos y buscamos el motivo, que casi siempre es una guía suelta, sucia o deformada, o topes que faltan. Enderezamos o cambiamos la guía y dejamos el recorrido limpio: si solo se empuja el paño hacia dentro, vuelve a pasar en semanas.
Lamas dobladas, golpeadas o forzadas
Un golpe, un intento de robo o el uso diario acaban doblando alguna lama, y con una sola que roce ya se atasca todo. No hace falta cambiar la puerta entera: sustituimos las lamas dañadas siempre que el perfil siga fabricándose, y si tu modelo ya no existe te lo decimos claro y valoramos contigo las alternativas.
El motor no responde o el mando falla
Empezamos por lo barato: pila y emparejamiento del mando, y ajuste de los finales de carrera, que son los que hacen que la puerta pare donde debe. Solo si el motor está realmente agotado proponemos cambiarlo, y te decimos por separado qué cuesta el motor y qué cuesta la mano de obra.
Urgencias, también en fin de semana
Una persiana que no cierra no puede esperar al lunes. Atendemos urgencias para locales y negocios también en fin de semana: llámanos y te confirmamos en el momento si podemos llegar hoy. Si no llegamos, te damos la primera hora disponible en vez de marear.