Primero el hueco, después la puerta
Antes de hablar de precio vamos a verlo. Medimos el hueco de guía a guía, la altura libre y el espacio del que disponemos arriba para el eje y el enrollado. Ese espacio es el que manda: si el tambor no cabe, no hay puerta que valga por buena que sea. Con las medidas reales te damos un presupuesto cerrado, sin sorpresas el día del montaje.
Qué lama le conviene a tu acceso
No todas las puertas enrollables llevan la misma lama. Para un local a pie de calle que cierra cada noche buscamos acero galvanizado que aguante golpes y el roce diario. Cuando hace falta ver el escaparate con la persiana bajada, la solución es lama microperforada o troquelada, que deja pasar la luz sin renunciar a la seguridad. Y en garajes y naves, donde manda el peso y el tamaño del hueco, se elige el perfil por lo que tiene que soportar, no por lo que sale más barato.
Guías, eje y tambor
Las guías laterales van a plomo y ancladas a un soporte que aguante: si quedan flojas, la puerta se descarrila al mes. El eje se elige por el peso del paño, y ahí es donde se nota una instalación bien hecha de una hecha con prisa. Ajustamos los topes para que la puerta pare justo donde debe, arriba y abajo, y probamos el recorrido completo varias veces antes de dar el trabajo por terminado.
Preparada para motorizar después
Si de momento la quieres manual pero más adelante piensas ponerle motor, dínoslo al presupuestar. Se elige el eje adecuado desde el principio y motorizarla luego es cuestión de una visita, en vez de tener que desmontar medio conjunto.